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Periódico ABC

Última Hora
  1. Una conductora de mediana edad arrolló la pasada noche a cuatro peatones en Zaragoza tras quedársele enganchado el zapato al acelerador del vehículo que conducía, según relató ella misma en el lugar de los hechos, donde tuvo que ser atendida por una intensa crisis nerviosa tras lo ocurrido. La mujer conducía un coche que salía del aparcamiento de El Corte Inglés situado en el Paseo de la Independencia. La salida del párking está en una vía lateral, en la calle San Miguel, en pleno centro de la capital aragonesa. La conductora perdió el control del vehículo, salió bruscamente a la calle, se llevó por delante barrotes que protegen las aceras, arrolló a cuatro peatones y acabó empotrando el vehículo contra una fachada. Los heridos son dos jóvenes asiáticas de 21 años y un matrimonio español de unos 60 años. Tras ser atendidas por servicios sanitarios de emergencias en el lugar del accidente, esas cuatro personas fueron trasladadas al Hospital Miguel Servet de la capital aragonesa, donde ingresaron con pronóstico reservado. El accidente se produjo pasadas las 21.00 horas de este jueves. La conductora fue trasladada al Hospital Clínico e Zaragoza, tras ser atendida por los médicos en el lugar del atropello, ya que presentaba una grave crisis nerviosa.
  2. La política, que se inventó para arreglar problemas, se convierte a menudo en una máquina de fabricarlos. O por decirlo en célebres palabras de Groucho Marx, en el arte de buscar problemas, encontrarlos y aplicarles soluciones inadecuadas tras formular un diagnóstico falso. Ésa es exactamente la historia del Brexit, donde un líder de cortas luces, el funesto Cameron, inventó un contratiempo artificial, evaluó mal las consecuencias y ofreció un remedio errático. El resultado es un atolladero descomunal, provocado por pura incompetencia, del que todo el mundo va a salir con daño. La frívola irresponsabilidad del ex premier británico obliga ahora a un proceso improvisado. Una ruta ciega para la que no existen planes ni planos. Toda la Unión Europea, por un lado, y el Reino Unido por el otro se van a embarcar en una negociación laberíntica de extrema complejidad que nadie había preparado. Pero ese desperdicio de esfuerzo y de masa crítica -miles de funcionarios, millones de papeles, centenares de normas, convenios y tratados- sería cuestión menor si respondiese a una emergencia perentoria, a un compromiso crítico, a un trance necesario. Lo irritante es que se trata de una extravagancia banal, prescindible, una ocurrencia caprichosa de un dirigente desvariado. Esa lamentable muestra de política inútil, capaz de crear dificultades enormes donde no había ninguna, va a ocasionar un considerable destrozo en el proyecto más valioso de la Europa contemporánea, cuyo recorrido común quedará cojo y su arquitectura descalabrada. Pero también hará estragos en Gran Bretaña, y no sólo económicos ni sociales: su integridad territorial está de nuevo bajo amenaza. La secesión escocesa -otro experimento gratuito de la lumbrera de Cameron- regurgita en busca de una segunda oportunidad y además la salida de la Unión plantea una incógnita desagradable sobre el futuro del Norte de Irlanda. En sólo año y medio, dos referendos mediante, una nación poderosa y próspera se ha puesto en solfa a sí misma de un modo perfectamente excusable. Ahora ya no hay vuelta atrás y sólo cabe esperar que los líderes continentales e isleños conserven algo de la clarividencia que le faltó a aquel esclarecido al que Dios guarde. Sobre todo es imprescindible que los perjuicios queden repartidos; no será difícil porque Inglaterra siempre ha estado en la UE arrastrando los pies, haciéndose de más para participar menos. Pero un desenlace cómodo, a la carta, sería incluso más nocivo que un mal acuerdo porque su indudable efecto llamada estimularía a los populismos que esperan su oportunidad de abandonar el proyecto. Para que la negociación acabe bien es menester que algunas cosas queden mal, que emerjan claros y patentes los riesgos. Que se note el ceño. Si Gran Bretaña sale incólume o victoriosa la Unión quedará herida de muerte, y aun si no… ya veremos.
  3. Los seis folios de la carta oficial con la que Gran Bretaña ha iniciado su desconexión de la Unión Europea no tienen desperdicio. Ya sabemos que en diversas latitudes está de moda dejarse llevar por la incertidumbre en lugar de respaldar la oportunidad de un futuro mejor. Y que ante los grandes dilemas del momento, los mejores argumentos parecen evaporarse delante de un oportunista ejercicio de engañosa nostalgia. Con todo, las explicaciones de la primera ministra Theresa May para invocar el Artículo 50 del Tratado de Lisboa no dejan de sorprender. La principal justificación formulada desde el londinense número 10 de Downing Street es que el referéndum del pasado junio debe interpretarse «como un voto para restaurar nuestra auto-determinación nacional». De acuerdo a la lógica ex post facto destilada por el Gobierno de Su Graciosa Majestad, el Brexit es realmente una cuestión de soberanía y democracia, amenazadas supuestamente porque el ninguneado pueblo británico se ve forzado a seguir reglas impuestas desde fuera del Reino Unido. Es verdad que cualquier pendejada dicha con acento inglés suena mucho mejor. Sin embargo, presentar el Brexit como una liberación es, como dirían los primos de Estados Unidos, un montón de bullshit. Sobre todo, cuando esa falacia patriotera sirve para desvincular la salida de Gran Bretaña de razones mucho más verosímiles como la resistencia a la globalización, tóxicos recelos identitarios o la desafección que el establishment genera entre suficientes sectores de la sociedad británica. Desde el siglo XIII, con la Carta Magna, los ingleses tienen una orgullosa tradición de resistir y poner límites a cualquier tipo de poder absoluto. De hecho, existe la teoría de que la relativa seguridad lograda por el Reino Unido durante los últimos siglos es la razón por la que los británicos han podido disfrutar de más libertad, derechos y soberanía que cualquiera de sus vecinos continentales. En estos momentos, el gran problema de Gran Bretaña no es la UE sino su memoria colectiva de grandeza.
  4. La resignación se ha instalado en McLaren. Y, aunque nadie está de brazos cruzados sino todo lo contrario, ya no hay plazos ni esperas respecto a las evoluciones de Honda. Será cuando tenga que ser. Esto dice Eric Boullier, el director deportivo del equipo: «Es difícil dar una fecha límite para nuestra evolución. El nuevo motor aún debe ser inventado». El jefe francés no es amable con su socio Honda, aunque se ha negado a comentar sobre los rumores cada vez más persistentes de las negociaciones para colocar motores Mercedes en el McLaren en 2018 o, incluso esta temporada. «No voy a comentar sobre los rumores. Tratamos de encontrar soluciones en conjunto con Honda. Pero no es fácil». Yusuke Hasegawa, el responsable de motores de Honda, tampoco se pone ya ningún plazo: «Tratamos de corregir las dificultades tan pronto como sea posible. Imposible saber cuando. Es difícil dar una fecha límite». Ya lo dice Boullier: «El nuevo motor (Honda) aún debe ser inventado...».
  5. Tiene un mérito enorme que España haya ganado un Mundial y dos Eurocopas con la guerra de los cien años declarada entre Villar y la Liga. El resto de Europa no comprende cómo puede subsistir el fútbol español en un ambiente de hostilidad constante por el poder. No solo sobrevive, sino que triunfa, a pesar de sus dirigentes. La falta de diálogo, el silencio por respuesta y las múltiples acciones denunciadas ante la Justicia no han impedido que Luis Aragonés y Del Bosque pudieran vencer con la mejor selección de la historia de España. Pero esa situación de confrontación se paga antes o después. La FIFA ensayó en el reciente Mundial de Clubes el sistema VAR, el videoarbitraje como ayuda del colegiado, y desde entonces las grandes federaciones europeas y algunas de otros continentes, como la argentina, han ensayado el nuevo estilo de arbitraje, que será oficial en el Mundial de Rusia 2018. España, inmersa en elecciones federativas y con el duelo Villar-Tebas por montera, no ha probado nada. Nuestros árbitros son los últimos de la fila. Pueden quedarse sin Mundial y ser muy secundarios en la Champions. La incomunicación histórica entre Federación y Liga provoca que nuestros árbitros no hayan entrenado nunca el VAR, mientras sus compañeros del resto de Europa ya están ensayandoEl nuevo presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quiso acabar con las polémicas continuas que rodean al fútbol y nada más ser elegido expuso que aplicaría el VAR como el salto a la modernidad del balompié en todo el planeta. El ensayo decisivo se produjo en el Mundial de Clubes de Yokohama. El VAR significó un gol a favor del Kashima frente al Atlético Nacional y la concesión de un tanto a Cristiano ante el América que había sido anulado por un fuera de juego que no lo era, similar al de Delofeu en París. Fue un éxito, aunque se tardó en su aplicación técnica por la falta de entrenamiento en la burocracia de actuación. Inglaterra comenzó a ensayarlo inmediatamente. «Hoy ya lo tienen en muchas ligas, menos la nuestra», precisa Javier Tebas, presidente de la LFP: «Hemos mandado tres cartas al presidente de la Federación Española para implantar el VAR en las competiciones españolas, la primera el pasado mes de octubre, la última este mes, y Villar no responde». Un arbitraje de segunda La falta de comunicación entre la Federación y la Liga Profesional no debería implicar que los árbitros españoles, controlados además por la propia FEF, sean los más perjudicados en esta guerra eterna. «Si no experimentan con el sistema, no irán al Mundial». Javier Tebas ha sido contundente: «Villar no contesta para poder aplicar el sistema en las competiciones españolas , pero sí acepta que lo ensaye Francia con nuestra selección en París. Solo perjudica a nuestros árbitros». Unos colegiados que callan, pero no otorgan. Están preocupados. Pierden comba. En París vimos cómo es necesario probar el sistema para darle agilidad y no detener en demasía el ritmo de los partidos. Los árbitros españoles no saben cómo se ejectuta el VAR, solo la teoría. FIFA y UEFA conocen ese retraso funcional. Les perjudicará para ser designados la próxima temporada en encuentros de la Champions. Y para el Mundial 2018. «Esto no pasaría si Jorge Pérez fuera nombrado presidente de la Federación en las elecciones del 22 de mayo», destaca el responsable de la patronal del fútbol. «Queremos que gane las elecciones. Hace falta un cambio». La guerra de los cien años encuentra argumentos para perpetuarse. «Nosotros, como Liga, estamos trabajando con la FIFA en el sistema», indica Tebas. «Las otras ligas ya están en ello y lo practican. Villar no cita el VAR ni en su programa. Nuestra idea es aplicarlo en la Supercopa de España, en agosto, y posteriormente en diversos partidos de la Copa del Rey. Pero no hemos empezado y los demás llevan ventaja». La estrategia de Villar es tensar la cuerda hasta el final, sin responder, para poner nerviosos a sus enemigos. El presidente de los últimos treinta años del fútbol español esperará hasta después de los comicios del 22 de mayo para actuar, una vez comprobado si es reelegido. En plena campaña electoral no piensa contactar para nada con Tebas, que apoya a Jorge Pérez. La selección no pagó esta realidad, porque el balón puede con todo, pero los árbitros van a pagar por todo
  6. A las 13.20 horas de ayer se consumó la entrega oficial de la carta del Gobierno británico al presidente del Consejo Europeo, anunciando su intención de abandonar la UE. Si hasta entonces existía la posibilidad de revertir este desgraciado proceso, a partir de ese instante todo cambió y, aunque las negociaciones se desarrollen de la mejor manera, no existe ninguna posibilidad de que las consecuencias sean buenas ni para la UE ni, mucho menos, para Gran Bretaña. El objetivo del proceso que ahora comienza ha de ser, como ayer repitieron los responsables de las principales instituciones europeas, minimizar los daños que va a provocar la insensata decisión británica de romper con sus aliados de más de cuarenta años. La UE se ve amputada de uno de sus socios estratégicos esenciales y abre una puerta que jamás creyó que algún país franquearía, pero la peor parte será, sin duda, para el Reino Unido. En el terreno económico, Londres va a perder el acceso a su principal mercado, el europeo, e incluso en el hipotético caso de que el acuerdo final suponga una relación comercial más o menos equivalente a la actual, habrá dejado su puesto en el Consejo Europeo, donde se seguirán tomando las decisiones que determinarán el futuro de ese inmenso mercado. No menos graves van a ser las tensiones políticas provocadas por el Brexit en el interior del país, en Escocia e Irlanda del Norte, ni la perspectiva de que para millones de británicos la vida se vuelva ahora más difícil, con la súbita aparición de fronteras y distancias que hasta ahora no existían. Por ello, resulta esencial clarificar cuanto antes las consecuencias concretas para los ciudadanos, tanto para los europeos que viven en el Reino Unido como para los británicos residentes en la UE. Para enturbiar más las cosas, los primeros escarceos muestran enfoques opuestos de la negociación: Londres pide poner todo sobre la mesa –mezclando las condiciones de la salida con las de la futura relación– para ampliar su capacidad de maniobra, mientras que los europeos dicen, con razón, que hay que negociar primero la separación y que solo una vez divorciados se puede empezar a entablar una nueva relación. Del lado europeo, todos los pasos deben tener como objeto preservar los intereses de la UE por encima de todo, con un resultado final que debe dejar claro que es mejor estar en la Unión que fuera de ella, sin que esto deba interpretarse como una venganza o una represalia, sino como pura lógica.
  7. Francisco Granados fue informado, durante su etapa como secretario general del PP de Madrid y número tres del Gobierno de la Comunidad, sobre las actividades de la trama Gürtel. Así lo confirma una carta anónima que guardaba en su domicilio Beltrán Gutiérrez, exgerente del partido. La misiva fue hallada en el registro que realizó la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil el 11 de febrero de 2016, dentro de la pieza separada de la operación Púnica que investiga la supuesta financiación del PP de Madrid y que sigue bajo secreto de sumario. «Sr. Granados:Le escribo porque están engañando a su partido y debe saberlo», comenzaba la misiva, cuya autora se presentaba como «ex-empleada del grupo de empresas de FCS» y simpatizante «del PP». La carta fue enviada, obviamente, antes de febrero de 2009, cuando se produjeron las detenciones de la trama Gürtel. Según fuentes consultadas por ABC, Granados recibió varios avisos, además de esta carta, al menos entre los años 2007 y 2008, sobre las actividades de Francisco Correa. Ocurre que en esa época el entonces secretario general del PP de Madrid no solo estaba a sueldo de otra trama corrupta, la Púnica, sino que la lideraba, según los indicios. La carta informaba de que tras el grupo FCS (iniciales de Francisco Correa Sánchez) había una maraña de empresas «dirigidas en la sombra por el señor Paco Correa (...) aunque su nombre siempre quede escondido y figuren personas de paja». La informante sabía de lo que hablaba, pues enumeró casi todas las empresas que manejaba el líder de Gürtel:«Special Eventos, TCM, Pasadena Viajes, Good and Better, Down Town Consulting, Easy Concept, Orange Market». La exempleada de Correa relató que esas mercantiles «firman contratos millonarios con ayuntamientos y comunidades autónomas del PP fingiendo que no tienen nada que ver con Paco Correa ni con Pablo Crespo, y que son empresas independientes. Eso es falso». Contra Aguirre y Rajoy Francisco Correa, que creció como proveedor del PP en la etapa de José María Aznar, fue apartado con la llegada de Mariano Rajoy, pero se sirvió de las citadas empresas y de los testaferros para seguir facturando al PP en Madrid y la Comunidad Valenciana. La carta comunica que Correa estaba detrás de algunas publicaciones en prensa y que alardeaba de que iba a «llevarse por delante la hijaputa de Esperancita y si se descuidaban hasta a Marianito». De hecho, «Correa y Crespo siempre van presumiendo que van a "joder bien al PP" y a "follarse a Esperanza Aguirre" con facturas de la campaña electoral de las elecciones de 2003». Añadía que «dicen que usted les debe más de diez millones de pesetas de varios actos y que no les quiere pagar». Según la informante, Correa estaba tranquilo porque creía que él se libraría en una investigación porque lo tenia todo «oculto y bien guardadito»:«Decía que "a mí no me pillan, lo tengo todo fuera y si la cosa se pone mal me voy de este puto país y solucionado"». La carta termina con un ofrecimiento a Granados y al PP para recibir más información y saber así «dónde han llevado todo el dinero que ganan». Aseguraba tener pruebas de los sobornos de Correa:«Aunque no sé si a usted le interesa saber mucho más, les puedo contar con todo detalle (empresas, paraísos fiscales, teléfonos ocultos, nombres de colaboradores, negocios que parecen legales y son tapaderas, dinero que le pagan a políticos, conversaciones sobre usted, sobre Esperanza Aguirre y el PP, etc)». Si quiere recibir más información, la remitente pide a Granados que se lo comunique con una clave:insertar en los anuncios por palabras de un diario el siguiente texto:«Piso en Aravaca ideal para estudiantes. 1800€ mensuales. Abstenerse agencias. TF 60738XXXX».
  8. Todo buen gobierno o administración de cualquier cosa lleva consigo la existencia de un liderazgo claro y una organización meticulosa. Ambas cosas, son sinónimo de éxito futuro. A la hora de escribir este artículo quedan aún varios días de la celebración del Congreso del PP de Castilla y León y, sin embargo, ya tenemos claro el asunto del número uno; pero ¿y el dos? El alcalde de León renunció al pacto establecido de quien perdiera las primarias sería «recogido» por el vencedor para integrarlo en su Ejecutiva. Las circunstancias producidas en todo el proceso y la dignidad de librar de ataduras al presidenciable, provocó la actitud generosa de Antonio Silván. Sin embargo, Alfonso Fernández Mañueco quiere y entiende que vertebrar y coser la Comunidad pasa inexorablemente con hacer un buen zurcido al roto que sus huestes habilitadas desde Salamanca en cada mesa, en cada urna de las sedes populares leonesas provocaron un efecto primero de sorpresa, después de fastidio. Por todo ello, el leonés más cercano en lo personal y lo político es el diputado Eduardo Fernández, actual presidente provincial del PP. Dos son los obstáculos para ocupar la Secretaría General regional, a saber, Fernández tiene clara vocación de seguir su carrera política en el Congreso de los Diputados y el régimen de incompatibilidades, a priori, si no se cambia, le impediría también ostentar el cargo regional. Mañueco haría así un guiño a León y de paso se aseguraría una mano derecha fiel y eficaz. Por otra parte, Fernández ha dejado claro que él no volverá a ser presidente provincial del PP leonés, a donde llegó por fallecer Isabel Carrasco y ser él su secretario general. Con lo que quizás cabe la posibilidad de que después de todo sí esté en el Comité Ejecutivo de Castilla y León. Incluso otro joven veterano, como José María López Benito, suenan como la parte alícuota de León en María de Molina.
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